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19 sept 2026

España y los saharauis

 


El Congreso de los Diputados el 10 de septiembre aprobó y ya se encuentra en el Senado,

«la proposición de ley sobre concesión de nacionalidad española a las y los saharauis

nacidos bajo la administración española».

La propuesta contiene dos vías diferentes para obtener la nacionalidad.


La primera es la carta de naturaleza. Se justifica considerando que concurren circunstancias especiales para que los saharauis nacidos en el territorio antes del 29 de septiembre de 1977 puedan solicitar la nacionalidad española, aunque no tengan residencia legal en España. Esta fecha es importante e intentaré explicar por qué más adelante. Se podrá acreditar la condición de saharaui por ejemplo, aportando el DNI de cuando España estaba en el territorio o el certificado de inscripción en el censo para el Referéndum del Sáhara Occidental expedido por Naciones Unidas, entre otros. 

La segunda es la reducción a dos años del periodo de residencia legal necesario para solicitar la nacionalidad por residencia. La ley incluye a los saharauis entre los colectivos que pueden acogerse a este plazo reducido, el mismo plazo previsto para los nacionales de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial y Portugal y los sefardíes. A estos efectos, también incluye a sus descendientes.

Estas dos opciones todavía no están cerradas. El Senado tendrá que pronunciarse sobre el texto aprobado por el Congreso. Puede mantenerlo, introducir cambios o vetarlo. Si introduce cambios o lo veta, la ley volverá al Congreso, que tendrá que pronunciarse de nuevo y tendrá la última palabra sobre el texto.

Pero creo que lo importante es entender cómo hemos llegado hasta aquí. España, como potencia administradora, todavía no ha dado una respuesta a la situación de las personas que nacieron en aquel territorio cuando formaba parte de la Administración española, y que hoy siguen enfrentándose a la cuestión de su nacionalidad.

En 1958, convirtió al Sáhara como provincia. En 1961 se aprobó la ley sobre la organización y régimen jurídico de la Provincia del Sáhara español.

El Sáhara tenía, como en el resto del Estado, instituciones provinciales y un régimen jurídico. Es cierto que con ciertas particularidades, como el idioma y la religión, pero estaba inspirado en las demás provincias españolas.

Los saharauis tenían DNI expedidos por España, estaban incluidos en los censos y llegaron a participar en procesos políticos como, por ejemplo, el 5 de mayo de 1963 votando para la designación de concejales y vocales de los ayuntamientos y entidades locales o en diciembre de 1966 participando en el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado. Llegaron a tener hasta seis procuradores en las Cortes durante cuatro legislaturas desde 1961 hasta que, en la última de ellas, la de 1971-1977, causaron baja la mayoría de ellos en noviembre de 1975.

Un año después de que España abandonara el Sáhara, mediante el Real Decreto 2258/1976 de 28 de septiembre de 1976, se ofreció «a los naturales del Sáhara» la posibilidad de optar por la nacionalidad española, dando un plazo de un año, es decir hasta el 29 de septiembre de 1977 (fecha mencionada anteriormente que justifica el plazo del proyecto de ley aprobado) para acogerse al derecho a optar por la nacionalidad española. 

Lógicamente, los saharauis que habían huido de la ocupación mauritano-marroquí y que se asentaron en los campamentos en Argelia, difícilmente pudieron, como recoge la ley, comparecer ante el Juez encargado del Registro Civil del lugar de su residencia o el Cónsul español de la demarcación correspondiente, ni expresar su voluntad de optar por la nacionalidad. Nunca pudieron acogerse a ese derecho. 

El Supremo no ha ayudado a dirimir esta cuestión. El Alto Tribunal se ha pronunciado en distintas ocasiones sobre la nacionalidad de los saharauis, entre ellas en 1998 y 2020, con planteamientos diferentes sobre los efectos que tuvo la condición colonial del Sáhara en materia de nacionalidad. 

El Parlamento español pretende ahora resolver mediante una ley el entuerto de la nacionalidad saharaui, una cuestión que España arrastra desde hace demasiados años. 

La nacionalidad resuelve un problema individual de la persona que la solicita. Facilita su vida, ya que le permite viajar con un título de viaje reconocido, trabajar y estudiar, además le  garantiza una seguridad jurídica entre otras cosas. El hecho de que haya saharauis que soliciten la nacionalidad no significa necesariamente que prefieran ser españoles o que quieran dejar de ser saharauis. 

La nacionalidad corrige una injusticia y va a facilitar la vida a miles de personas, pero la deuda principal de España es que no ha culminado el proceso de descolonización del Sáhara Occidental. La ley va a restituir derechos individuales e históricos para los saharauis y sus descendientes pero falta restituir el derecho de todo un pueblo a existir. 

La ley de nacionalidad para los saharauis es un gran paso, es un derecho legítimo de todo saharaui nacido en la provincia 53 que quiera recuperar su nacionalidad, pero nunca se puede vender como una reparación histórica. Esta reparación sólo se alcanzará cuando el pueblo saharaui pueda elegir libremente su futuro y España debe colaborar para conseguirlo.

Enrique Gómez es miembro de Um Draiga y autor del libro “Una mirada al Sáhara Occidental”

Artículo publicado en el Heraldo de Aragón el 17 de septiembre de 2026





3 sept 2026

Más allá de la frontera: Ceuta como ficha en la partida por el Sáhara Occidental


Salvo para el gobierno y para el PSOE, existe la certeza de que Marruecos está detrás del asalto a la frontera española de Ceuta que permitió que 80.000 personas entraran en la ciudad autónoma. Mientras se producía el ataque a Ceuta, en esas mismas horas, un miembro del Gobierno de España asistía a la fiesta de la Embajada de Marruecos en Madrid con motivo del XXVII aniversario de la entronización de Mohammed VI. 

Las contradicciones en el propio gobierno y esta vez entre la parte del PSOE del mismo, no hacen sino reafirmar quién está detrás de todo esto. Decir que no se sabe quién ha sido o quien ha organizado esta crisis, echar balones fuera y, a la vez exculpar a Marruecos, parece como mínimo poco riguroso. Si Marruecos no ha sido capaz de prever el ataque a la integridad territorial española como le llamó acertadamente el presidente Sanchez, ni España ha sido capaz de anticiparse al mismo, la verdad es que es para hacérselo mirar. No hace falta ser muy ilustrado para entender que hasta las operadoras de telecomunicaciones tendrían capacidad para anticipar tal movimiento de personas hacia un destino concreto.

Ha pasado un mes de esta crisis y aún no se sabe cuántas personas están en Ceuta a día de hoy y de ellas cuántas son menores y necesitan protección especial. Lo que sí se sabe es que más de 140 personas han perdido la vida y nadie asume una responsabilidad con respecto a esta catástrofe humana que se podría haber evitado.

Lo que sí parece una certeza es que detrás subyace, entre otros, el asunto del Sáhara Occidental ya que el debate sobre los vínculos entre España y Marruecos pivota necesariamente en torno a la ex provincia española.

Se nos dijo que el cambio de postura del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental y el famoso acuerdo para la nueva etapa entre ambos países de 16 puntos que se firmó en 2022, del que la mayoría de dichos puntos no se han cumplido, serviría para normalizar las relaciones y fomentar la confianza y respeto mutuo entre Marruecos y España.

Suena a broma el punto número 3 del mismo en el que se cita que entre la hoja de ruta estaba «La plena normalización de la circulación de personas y de mercancías se restablecerá de manera ordenada, incluyendo los dispositivos apropiados de control aduanero y de personas a nivel terrestre y marítimo.» o el punto 8 que citaba que se relanzaría y se reforzaría la cooperación en el ámbito de la migración.

Algunos ya dijimos que nada iba a cambiar y que las ansias expansionistas marroquíes no cejarían cuando la segunda traición al pueblo saharaui se consumara. El tiempo nos ha dado la razón.

La historia se repite. Marruecos nada más producirse la independencia de Mauritania en 1960 ya acosó militar y diplomáticamente al nuevo Estado aprovechando su debilidad. Lo mismo hizo con Argelia tras alcanzar la independencia en 1962, cuando provocó «la guerra de las arenas» al reclamar enclaves argelinos como propios. Aprovechó la debilidad de los estertores del franquismo para invadir y bombardear con napalm y fósforo blanco a la población saharaui que huía de la invasión marroquí cuando España aún estaba en el territorio. 

Marruecos siempre actúa igual, aprovecha las debilidades de sus vecinos para dejar claro quién manda en el tablero regional. En Ceuta ha hecho exactamente lo mismo una vez más.

Es un país experto en la guerra híbrida que utiliza a personas desesperadas para huir de su país como escudo de su estrategia nacional. Usa todos los medios a su alcance para lograr sus propósitos, sabiendo que el Estado agredido evitará una respuesta violenta al tratarse de personas en situación de extrema vulnerabilidad, y sabe que cualquier respuesta contundente le crearía más problemas pues sería difícil de entender el hecho de contener por la fuerza la avalancha de miles de personas que huyen de Marruecos.

Debemos tener claro de quién estamos hablando. Estamos hablando de un Estado que recibe millones de euros por proteger sus fronteras y que al abrirlas, miles y miles de personas huyen desesperadas hacia lo que consideran un futuro mejor. Con Marruecos nos jugamos los cuartos y vamos a co-organizar un Mundial de fútbol para mayor gloria del país vecino. ¿Cómo de orgullosa debe sentirse la embajadora marroquí al observar cómo escapan de su país menores hacia un futuro incierto? Se las dio de digna en la crisis del presidente saharaui provocando incluso el cese de una ministra española de Asuntos Exteriores. Sin embargo ante la muerte de más de 140 personas, la mayoría compatriotas suyas, y con la huída de centenares de menores ni se inmuta.

Que hay que llevarse bien con nuestros vecinos es una obviedad pero esta debe llevarse a cabo desde el respeto mutuo y no desde el chantaje contínuo y haciendo la zona gris cada vez más grande.

Enrique Gómez es miembro de Um Draiga y autor del libro “Una mirada al Sáhara Occidental”

Artículo publicado en el Heraldo de Aragón el 3 de septiembre