Salvo para el gobierno y para el PSOE, existe la certeza de que Marruecos está detrás del asalto a la frontera española de Ceuta que permitió que 80.000 personas entraran en la ciudad autónoma. Mientras se producía el ataque a Ceuta, en esas mismas horas, un miembro del Gobierno de España asistía a la fiesta de la Embajada de Marruecos en Madrid con motivo del XXVII aniversario de la entronización de Mohammed VI.
Las contradicciones en el propio gobierno y esta vez entre la parte del PSOE del mismo, no hacen sino reafirmar quién está detrás de todo esto. Decir que no se sabe quién ha sido o quien ha organizado esta crisis, echar balones fuera y, a la vez exculpar a Marruecos, parece como mínimo poco riguroso. Si Marruecos no ha sido capaz de prever el ataque a la integridad territorial española como le llamó acertadamente el presidente Sanchez, ni España ha sido capaz de anticiparse al mismo, la verdad es que es para hacérselo mirar. No hace falta ser muy ilustrado para entender que hasta las operadoras de telecomunicaciones tendrían capacidad para anticipar tal movimiento de personas hacia un destino concreto.
Ha pasado un mes de esta crisis y aún no se sabe cuántas personas están en Ceuta a día de hoy y de ellas cuántas son menores y necesitan protección especial. Lo que sí se sabe es que más de 140 personas han perdido la vida y nadie asume una responsabilidad con respecto a esta catástrofe humana que se podría haber evitado.
Lo que sí parece una certeza es que detrás subyace, entre otros, el asunto del Sáhara Occidental ya que el debate sobre los vínculos entre España y Marruecos pivota necesariamente en torno a la ex provincia española.
Se nos dijo que el cambio de postura del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental y el famoso acuerdo para la nueva etapa entre ambos países de 16 puntos que se firmó en 2022, del que la mayoría de dichos puntos no se han cumplido, serviría para normalizar las relaciones y fomentar la confianza y respeto mutuo entre Marruecos y España.
Suena a broma el punto número 3 del mismo en el que se cita que entre la hoja de ruta estaba «La plena normalización de la circulación de personas y de mercancías se restablecerá de manera ordenada, incluyendo los dispositivos apropiados de control aduanero y de personas a nivel terrestre y marítimo.» o el punto 8 que citaba que se relanzaría y se reforzaría la cooperación en el ámbito de la migración.
Algunos ya dijimos que nada iba a cambiar y que las ansias expansionistas marroquíes no cejarían cuando la segunda traición al pueblo saharaui se consumara. El tiempo nos ha dado la razón.
La historia se repite. Marruecos nada más producirse la independencia de Mauritania en 1960 ya acosó militar y diplomáticamente al nuevo Estado aprovechando su debilidad. Lo mismo hizo con Argelia tras alcanzar la independencia en 1962, cuando provocó «la guerra de las arenas» al reclamar enclaves argelinos como propios. Aprovechó la debilidad de los estertores del franquismo para invadir y bombardear con napalm y fósforo blanco a la población saharaui que huía de la invasión marroquí cuando España aún estaba en el territorio.
Marruecos siempre actúa igual, aprovecha las debilidades de sus vecinos para dejar claro quién manda en el tablero regional. En Ceuta ha hecho exactamente lo mismo una vez más.
Es un país experto en la guerra híbrida que utiliza a personas desesperadas para huir de su país como escudo de su estrategia nacional. Usa todos los medios a su alcance para lograr sus propósitos, sabiendo que el Estado agredido evitará una respuesta violenta al tratarse de personas en situación de extrema vulnerabilidad, y sabe que cualquier respuesta contundente le crearía más problemas pues sería difícil de entender el hecho de contener por la fuerza la avalancha de miles de personas que huyen de Marruecos.
Debemos tener claro de quién estamos hablando. Estamos hablando de un Estado que recibe millones de euros por proteger sus fronteras y que al abrirlas, miles y miles de personas huyen desesperadas hacia lo que consideran un futuro mejor. Con Marruecos nos jugamos los cuartos y vamos a co-organizar un Mundial de fútbol para mayor gloria del país vecino. ¿Cómo de orgullosa debe sentirse la embajadora marroquí al observar cómo escapan de su país menores hacia un futuro incierto? Se las dio de digna en la crisis del presidente saharaui provocando incluso el cese de una ministra española de Asuntos Exteriores. Sin embargo ante la muerte de más de 140 personas, la mayoría compatriotas suyas, y con la huída de centenares de menores ni se inmuta.
Que hay que llevarse bien con nuestros vecinos es una obviedad pero esta debe llevarse a cabo desde el respeto mutuo y no desde el chantaje contínuo y haciendo la zona gris cada vez más grande.
Enrique Gómez es miembro de Um Draiga y autor del libro “Una mirada al Sáhara Occidental”
Artículo publicado en el Heraldo de Aragón el 3 de septiembre
