lunes, 19 de marzo de 2012

Todo empieza en Cuba

Había estado en Cuba por primera vez en el año 93 con motivo de mi viaje de novios. Años antes, en el 91, había comenzado el “periodo especial”.

Nos contaban que fue un largo periodo de crisis económica que comenzó tras el colapso de la Unión Soviética. Fueron quince días muy intensos. Recorrimos la Isla en plan de turista total. Buenos hoteles, buenos guías y con dólares en el bolsillo.

La decisión de ir a Cuba fue por exclusión.  Pensábamos ir a Egipto pero un par de meses antes hubo ataques terroristas a turistas y decidimos cambiar de destino. Conocía Cuba de oídas. Era solidario con algo que desconocía y que he de reconocer que tras la visita seguía sin conocer.

Todo el turismo que hicimos estaba relacionado con la revolución cubana y no era intencionado. Llegó a cansarnos mucho, tanto Fidel, tanto Martí, tanta revolución. Reconozco que simpatizo con lo bueno de la revolución pero no con su pensamiento único ni con el hecho de que el Estado esté por encima del individuo.

Nos habían hablado tanto de Martí y de su importancia en la historia de Cuba que al ver su traje en un museo en una urna de cristal nos dio por reírnos.  Seguro que las risas eran risas nerviosas de hastío por tanta propaganda político/turística.

Más tarde leí sobre Martí y en concreto por su paso por Zaragoza y sentí profunda admiración por él.

“Con los pobres de la tierra
Quiero yo mi suerte echar
El arroyo de la sierra
Me complace más que el mar.”

O cuando en sus Versos Sencillos Poesía VII dice:

“Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.”

El caso es que a pesar de conocer Cuba sólo desde la ventana del hotel, ese viaje significó mucho para nosotros.

A partir de ese viaje, Cuba formó parte de nuestras vidas. Años después volvimos a Cuba con Juan. Tenía 3 años. Vimos más Cuba,más cubanos, más amigos.

Nos seguía enganchando.  Conocí gracias a ese país a los que ahora son algunos de mis mejores amigos. Después vendría el Sahara pero porque antes estuvo Cuba.

Después apareció Nicaragua y aparecieron más amigos,  pero todos tenían algo en común:

Todo empezó en Cuba.  Amigos de aquí y de allí. Como Santiago Hernández, un cubano ejemplar, de los que ya no quedan, de los que resuelven desde la integridad y sobre todo un tipo duro con un corazón de lo más bonito.

Gracias Cuba.

Un beso sin complejos

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