viernes, 21 de marzo de 2008

Cas Cas

Mi amigo, tenía como apodo el utensilio que se utiliza en el Sahara para hacer el Cus-Cus, comida tradicional saharaui. Algo así como la paella valenciana o el Rosbif inglés: Le llamaban Mohamed Cas Cas.

La primera vez que oí hablar de él fue cuando la organización en la que ejercía de voluntario, el MPDL, trajo por primera vez niños saharauis a Zaragoza. Se recibió una llamada en la sede de un saharaui que se brindaba a ayudarnos para lo que necesitáramos en el quehacer diario con estos niños.

Además, esa llamada se produjo desde Ejea de los Caballeros, lugar donde yo trabajaba en aquella época. Ejea es un pueblo de unos dicisiete mil habitantes y situada a unos 70 kilómetros de Zaragoza. Ese primer año fueron 19 los niños que llegaron a Zaragoza. No hicimos caso a su ofrecimiento. No creo que fuera por desprecio, sencillamente no sabíamos por donde nos daba el aire con el tema de los niños saharauis. Además coincide que ese primer año tuvimos a Mouloud, un muy buen monitor saharaui en el Proyecto vacaciones en Paz, consistente en traer niños saharauis a pasar el verano con familias españolas.
Este proyecto se desarrolla todos los veranos desde la ocupación del Sahara en 1975.

Esto hizo, creo, que la ayuda de Mohamed Cas Cas, no fuera necesaria. Se fueron los niños saharauis, pasó el verano y el ofrecimiento se volvió a repetir. En este caso ya no era para ayudar con los niños saharauis sino para ayudar con todo lo que tuviera que ver con el Sahara Occidental. Así fue como por fin quedé con él en Ejea aprovechando, lo recuerdo perfectamente, una tarde en la que solía haber poco trabajo de lo mío que era el mantenimiento en un central telefónica. Nos encontramos en mis oficinas. Yo estaba solo. Me contó cómo había llegado a Ejea y lo que le sorprendía que la gente no supiera nada del Sahara Occidental. También me comentó que llevaba tiempo ofreciéndose a colaborar con Amigos del Pueblo Saharaui y que ninguna asociación había aceptado su ofrecimiento.

Vino a España a progresar. Tenía a su hijo mediano Abderraman celiaco con una familia de acogida en Andalucía. Él podía hablar con él en español ya que había olvidado prácticamente el hassania, dialecto del árabe que hablan los saharauis, pero no así su madre desde los campamentos de refugiados porque desconocía el idioma.

Saltaron las alarmas, vieron que la comunicación con su hijo era imposible y decidió reagrupar a su familia en España. Este gesto sin duda era muy de Cas Cas: La familia era lo primero.

Vivía con Alí y con el Dioni, Mohamed Duehy. El Dioni, es un apodo que recibía este saharaui grande como un armario, por el extraordinario parecido con el famoso delincuente asaltador de blindados y cuya aventura y captura causó furor en la España de los 90.

El caso es que como decía, vivía en Ejea con el Dioni y el apartida Alí. Más tarde llegaría a España Saba con sus otros dos hijos Brahim y Mahfud. Ambos Mohamed, Cas Cas y el Dioni, eran militares del Ejército del Frente Polisario. Supe a los meses,  que no eran unos militares cualquiera, sino que gozaban de mucho prestigio en el pueblo saharaui tanto por su valor como por su entrega a su causa .

Pasaron los meses y nos fuimos conociendo mejor. Compartí con él muchas tardes de té. Creo que llegamos a ser amigos. Alguna vez íbamos a Ejea a comer los domingos junto con su familia: Saba, su mujer, Abderramán, Brahim y Mahfud el más pequeño. Otros días vinieron ellos a mi casa en Zaragoza.

Él, me contaba que era desactivador de minas del ejército .Tras la invasión marroquí del Sahara en la famosa marcha verde, él no pudo huir con el POLISARIO y se quedó bajo la ocupación marroquí junto con gran parte de su familia. Pasado un tiempo logró escapar dirección Paris y allí se juntó con otros saharauis cuyo destino era ir a Tinduf (donde están los campamentos de refugiados saharauis en el suroeste de Argelia) e incorporarse a las filas del ejército para luchar con las armas contra Marruecos. Al llegar a Tinduf, en vez de mandarlo a la guerra lo mandaron a la ex – Yugoslavia a formarse como desactivador de explosivos. Esa decisión de su ejército le desconcertó pues el lo que quería era irse al frente a luchar por su país. No quería periodos formativos, máxime cuando a otros compañeros les mandaban inmediatamente al frente. Me enseñó vídeos donde él enseñaba a otros militares el muro marroquí y como adentrarse en él desactivando minas y como coger prisioneros de guerra.

Yo le pedía que se recreara contándome historias no tanto bélicas como de su día a día. Me atraía como una persona es capaz de llegar a París y encontrarse con otros saharauis y como todos ellos tomaban la decisión de incorporarse a la guerra. Como era un día en la guerra. Me daba pavor o mejor dicho miedo el hecho ya de vivirla en la retaguardia. Yo dudo que fuera algún día a la guerra por mí país. Este comentario le hacía sonreir y me decía que sí, que si te las ves como se las vieron ellos seguro que lo haría.

A Cas Cas, le parecía extraño mi interés por esos temas. Es la parte de la historia que más me atrae: digamos las historias de la historia. Siempre acabábamos igual nuestras charlas.

Yo siempre le decía: - Mohamed, debes escribir tu historia. No es sólo tuya. No seas egoísta.

Un día, preocupado, quedó conmigo. El Frente Polisario amenazó con intervenir militarmente ante el paso del Paris-Dakar por el Sahara Occidental. Vino a decirme si yo tenía noticias. Estaba esperando una llamada y si ésta se producía lo dejaba todo y se incorporaba a filas. Le pregunté que pasaría con su familia y el me dijo que estaba todo previsto y que hiciera por ayudarles. Me emocionó ese gesto de amistad.

Al final, no sé si afortunadamente, no intervino el Polisario en el rally ante su paso ilegal por el territorio del Sahara Occidental. Más saharauis pensaban que era una buena oportunidad para tensar el proceso mal llamado de paz y muchos como Mohamed, estaban dispuestos a volver a las armas. Sé que muchos acudieron desde el sur de Mauritania a las regiones militares más cercanas dispuestos a retomar las armas en cuanto se lo ordenaran.

Con el tiempo supe que la historia del pueblo saharaui está llena de personajes como Mohamed Cas Cas. Personajes valientes y modestos que pasarán a la historia precisamente por no contarla y que su recuerdo quedará sólo entre los que les conocieron.

Su vida transcurrió con normalidad, sus hijos crecían, su mujer trabajaba, él progresaba. Se mudaron a Huesca donde montó una carnicería musulmana y un locutorio con otro familiar. Le iba realmente bien. Ayudaba a los amigos del Pueblo Saharaui de Huesca y a todo aquel saharaui que pasaba por su casa. Siempre que iba a su casa, había saharauis pasando unos días con su familia.

El caso es que me atraía ese hombre. Me atraía su bonhomía, su entereza, su sonrisa, sus silencios al escuchar mis tonterías de un recién aterrizado en el conflicto del Sahara.

Mohamed murió como nunca nadie pensó que podría morir. Murió por un rayo. Fue a comprar harina para su tienda y allí le sorprendió el fatal accidente. Compartí con muchos saharauis y con su mujer momentos (nunca demasiados) en el hospital hasta que se produjo su muerte.

Saba estaba embarazada de una niña. Hablaba ella con Abderramán y Brahim, sus cabreados hijos, de que su padre era un ejemplo y que podían sentirse orgullosos de él.

Me pena no haber estado en su funeral. No me dejaron ir. La religión tiene esas cosas. Seguro que él como buen religioso me lo hubiera explicado y hubiera intentado convencerme pero yo a día de hoy sigo sin comprender como no puedo asistir a un funeral de un amigo por el hecho de que éste fuera musulmán.

No lo comprendo. Mohamed descansa en su Sahara aunque éste aún no sea libre.

Claouey, agosto de 2008

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