sábado, 30 de junio de 2007

Un pañuelo por favor

El otro día fui a ver a los Distrito 14a la sala Clamoresen Madrid; un concierto digamos íntimo.

Al día siguiente me tocó madrugar y mucho para pillar el tren rumbo de nuevo a Zaragoza. Llegué destrozado al tren con la única esperanza de poder echar una cabezadita en ese corto recorrido. Llegué con unos minutos de adelanto. Me tocó el asiento "A" que quiere decir que vas en fila de a uno sin nadie a tu lado.

Pensé: ¡de maravilla, nadie me molestará!. Sólo tenía una preocupación: no roncar. Estaba destrozado y me decía ¡a que le doy el viaje a alguien con mis ronquidos!

Sólo un inciso: solamente ronco cuando estoy muy cansado o bebo más de la cuenta. Sólo se daba una condición, la primera.

 Pues bien, pedí los cascos, me puse música clásica y pasó lo que no pensaba nunca que podía pasar.
Un señor, pinta de ejecutivillo resfriado se subía los mocos con una profusión espantosa. Tecleaba su ordenador como un cosaco, así que mientras machacaba las teclas y se subía sus mocos me jodía el viaje. Llegué a mirarle de forma descarada y hasta dije una vez girándome a él esa expresión aragonesa ¡chicoooooooo!. Nada el tipo no se sonaba ni a la de tres,no debía tener pañuelo.

Más tarde empezaron a sonar los móviles de los pasajeros:
- Estoy en el Ave, si se me va la cobertura es por los túneles,
- Claro, una hora y media ¡que pasada! y demás oseas.

Todo el mundo hablando en voz alta y yo cagándome en los muertos del de el resfriado. Ya nadie respeta el sueño de los justos.

Cómo se echa de menos la época en que el hombre llevaba siempre un pañuelo de tela consigo.

¡Volverán las oscuras golondrinas!

30 Junio 2007